GRACIAS POR VUESTRA FELICIDAD

22 Jun

Artículo publicado en el diario Viva Sevilla el 25 de junio de 2015

Cuando las cosas se hacen con unas bases sólidas bien sentadas; sabiéndose lo que se hace y estando plenamente convencidos; echándole imaginación y con grandes dosis de cariño, respeto y mucho amor, todo tiene que salir bien. Resulta que esos ingredientes crean un caldo de cultivo lleno de vitaminas vitales, que se hacen extremadamente contagiosas para los que, desde el respetable, asisten como espectadores. No es raro, por tanto, que se dibujen a cada instante sonrisas de complicidad y felicidad en los rostros de todos los presentes.

Todo esto viene para expresar un buen puñado de agradables y buenas sensaciones que experimentamos un grupo de personas el pasado sábado, asistiendo emocionados por el hecho y el momento, al enlace matrimonial de Bea e Ignacio. Un enlace salpicado en cada uno de sus detalles por todos esos ingredientes de los que hablaba al principio, que fueron los causantes de ese contagio colectivo de felicidad al que nos vimos sometidos, impotentes de evitarlo, no sólo porque no queríamos sino porque era mucha esa felicidad la que se contagiaba.

Y así, con las palabras de una oficiante de primera línea y la voz y la música que amenizaron el momento, música y voz profesional y en riguroso directo pero en la que se adivinaba la complicidad de la novia con todas las intérpretes, vimos como ambos abandonaban consciente y responsablemente la soltería para abrazar un nuevo estado en el punto de partida de una nueva carrera de la vida.

Disfrutamos, sí. Y mucho. No sólo por compartir el momento de la decisión de los novios, sino por cómo nos lo brindaron. Por las intervenciones de los amigos de los contrayentes, en unas semblanzas que nos hicieron emocionarnos y reír a la vez. Por el desmedido ingenio de él en las palabras que le dedicó a ella, música de fondo incluida e incluso por la interpretación de algún personaje de cine, faceta ésta que quien escribe desconocía del contrayente. Por hacernos a todos partícipes de algo tan íntimo como sus besos. Por hacernos parte de su vida, de esa hermosa vida que ahora ambos comienzan juntos.

Deben andar ahora por algún lugar de España de luna de miel. Un lugar al que le habrán llevado las dos ruedas de él y el motor de su moto, que seguro que suena ahora más musicalmente que nunca. En nuestro recuerdo, para siempre, cada uno de los detalles de esa tarde. En nuestro recuerdo, para siempre, la felicidad de todos, que al fin y al cabo era, es y será la felicidad de ellos.

Sed felices y gracias, Bea e Ignacio, por el regalo de vuestra felicidad.

ARDE LA RED

18 Jun

Artículo publicado en el diario Viva Sevilla el 18 de junio de 2015

Si es que se veía venir. Esto iba a pasar antes o después, por algo o por nada. Todo ha sido constituirse los nuevos ayuntamientos y los gobiernos de las comunidades autónomas y ha habido un no parar de rastreadores en internet, como ese perrito que anuncia los seguros de los coches. Y principalmente de las redes sociales, esos patios de vecinos de carácter digital, en busca de opiniones y sobre todo, para saber qué dijo alguien, cuando era ciudadano de a pie, en algún momento de su vida semipública. Ahora que el individuo objeto es algo más que un simple ciudadano y que su vida es algo más que semipública, es el momento para sacarle un trapo sucio. Algunos de estos trapos, en honor a la verdad, son algo más que sucios: son deleznables.

Cuando pasan estas cosas, uno recuerda aquello de ser esclavo de sus palabras y amo de sus silencios. En este país se habla muy rápido, padecemos todos una especie de incontinencia verbal que lleva a que tengamos que volver sobre nuestros pasos para borrar de la red aquello que puede ser políticamente incorrecto. Pero claro, lo que es inevitable, en los casos concretos de Twitter y Facebook, es que la incontinencia haya sido debidamente compartida por alguien, por lo que el rastro es bien fácil de seguir.

No quiero pensar que puedan existir gabinetes de comunicación –de instituciones o de partidos políticos, o de “personas de bien”- que hayan empleado el tiempo en revisar perfiles para encontrar lo que algún individuo dejara dicho en el momento del calentón. Pero lo cierto es que mucho me temo que esto haya sucedido, porque no se entiende toda esta batería de disparates que circulan por los muros.

Los más de 140 caracteres que Zapata, el concejal de Madrid, ha ido dejando en su time line con el paso del tiempo son, simplemente y para mi gusto, cuanto menos que vomitivos. Si quieren acabar con lo que llaman casta (¿yo soy casta por decir esto?) no creo que ésta sea la mejor forma. Como tampoco los abucheos que han sufrido determinados concejales al abandonar los bastones de mando de los ayuntamientos. No, mire usted: los escraches no pueden ir siempre en la misma dirección. Será que la casta no sabe jugar a esto. Mejor para todos.

Somos esclavos de lo que decimos y más si lo dejamos escrito. Permítanme que yo les diga que yo lo estoy siendo ahora mismo. Aunque también soy dueño de mi silencio, de esas opiniones que hoy me guardo para mí y que reservo por no caer en la difamación. Porque algunos, en estos días, se la han ganado a pulso.

Y USTED… ¿NO PACTA?

11 Jun

Artículo publicado en el diario Viva Sevilla el 11 de junio de 2015

A mi siempre me ha gustado estar a la moda. En muchas cosas. En muchos hábitos de esos que pueden pasar desapercibidos pero que en realidad, tienen mucho que ver con los hábitos y costumbres que tenemos a nuestro lado. Por eso le hago esta pregunta mientas se toma el café mañanero.

Porque esto de pactar está de moda. Lo hace todo el mundo. Si no me cree o lo pone en duda será que usted no ha visto ni escuchado un informativo ni tampoco ha leído un periódico desde hace más de 80 días, más de lo que tardó en 1872 el ilustre y rico caballero londinense nacido en la mente de sin igual Julio Verne, Phileas Fogg junto a su inseparable Rigodón.

Todos pactan. Todos debemos pactar. Hemos de aprender a conjugar ese verbo con soltura y sin miedo, ni temor a nada, aunque su vida no vaya a ser mayor de cuatro años. Mucho me temo que este vocablo, que en estos momentos se conjuga como transitivo, deje esta condición y se vuelva intransitivo con el paso de los años, pocos años. Consulten el diccionario de la RAE y comprenderán este juego.

Asistimos a pactos y alianzas que pueden llegar a ser lógicos y naturales. Otros inesperados. Algunos sorprendentes. Y otros pocos completamente surrealistas. El caso más cercano lo tiene ahí mismo, a unos pocos kilómetros de donde usted se encuentra: en Alcalá de Guadaira. Allí, un sobrecogedor (perdón por la expresión) conglomerado de fuerzas del amplio espectro político (desde la derecha a la izquierda más extrema) se unen en comandita para arrebatar el sillón de la alcaldía al candidato del Partido Socialista, Gutiérrez Limones. O también en donde la lista más votada ha sido la popular (no la del pueblo) y la configuración de la suma del resto hace que se arrebaten despachos y sillones, bajo el peregrino argumento de no permitir que gobierne la derecha. Y yo me pregunto ¿y por qué no?. Mucho me temo que todo sea por lograr eso, ese puñado de puestos de confianza más que el ansiado sillón, que al fin y al cabo es sólo una solicitud cierta para tener que examinarse dentro de cuatro años de una horrible selectividad llamada urna.

No sé donde llegará todo esto. Creo que el pacto andaluz no va a dar para cuatro años. Que Susana Díaz, que convocó erróneamente unas elecciones anticipadas, va a tener que volverlo a hacer antes de que acabe esta legislatura que hoy comienza. Y en los ayuntamientos, aquellos en los que se conjugue el verbo protagonista de esta líneas, el parón va a ser considerable.

Y esto no es bueno, ni para usted ni para nadie.

NO ME COMPENSA

28 May

Artículo publicado en el diario Viva Sevilla el 28 de mayo de 2015

Vamos a ver si yo estoy equivocado, no entiendo las respuestas de las personas o bien no alcanzo a comprender el significado de las palabras y frases dentro del contexto adecuado.

Permítanme un ejemplo, bien fácil y sencillo: si a mi me proponen mañana un negocio que no compensa para mi economía o para el tiempo que debo emplear en el mismo (por poner unos  casos sencillos) y decido, después de pensar mucho, rechazar lo propuesto, no significa que no sepa de qué va el asunto ni que desconozca su forma de ejecutarlo o su naturaleza, sino simplemente que, insisto una vez más, estudiada la propuesta, el beneficio que me va a reportar no es el suficiente para el trabajo que voy a realizar. Esto no quiere decir, vuelvo a insistir, que no sepa hacerlo o que no tenga la capacidad necesaria para llevarlo a cabo, sino que simplemente no es bueno para mis intereses.

Distinto sería que alguien me ofreciera, siguiendo en la línea de estos ejemplos simples, una importante suma de dinero para el diseño de puentes colgantes: evidentemente, respondería con un rotundo “NO”, ya que es algo que no solo no sé hacer, sino que no estoy capacitado para ello.

Si ustedes se encuentran demasiado pendientes de este batiburrillo de posibles pactos políticos de los que se está hablando tanto desde el pasado domingo, quizás no sepan bien a lo que me refiero. Si les digo que Miguel Carcaño ha rechazado una oferta económica que en su desesperación le han ofrecido los padres de Marta del Castillo por revelar dónde se encuentra el cuerpo de su hija, seguro que ya estas líneas de absurdos ejemplos con las que comienzo esta columna semanal les encajen más y mejor.

Así ha sido. Así de triste ha sido. Así de lamentable ha sido. Y así de cruel sigue siendo este individuo. Carcaño ha respondido con un “no me compensa” el ofrecimiento económico, por lo que deduzco que conoce la respuesta y que quizás con un ofrecimiento mayor o de otras condiciones sí hubiera aceptado.

Creo que el caso Marta del Castillo y la actitud de este individuo necesita un revulsivo, una intervención judicial o policial más contundente, porque una respuesta como la que ha dado a este desesperado ofrecimiento bien puede ser interpretada de muchas formas. Y la que yo planteo aquí entiendo que no es descabellada. Más bien es lógica.

¿Para cuando se decidirá a contar lo que sabe? ¿Qué precio tendrá que seguir pagando esta familia? ¿Es que ya no ha sido suficiente?

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