UN CUENTO CHINO

22 ene

El fatídico mediodía del 11 de septiembre de 2001 se nos atragantó el almuerzo a todos aquellos que tantas esperanzas teníamos puestas en el Congreso ASTA (American Society of Travel Agents), que nos iba a traer a la ciudad a más de 10.000 congresistas, delegados, acompañantes y prescriptores turísticos en el mes de noviembre de aquel mismo año. Tal como veíamos a las Torres Gemelas caer, imaginamos –como después tristemente sucedió- que caían también todas aquellas reservas ya realizadas de hoteles, restaurantes, espacios escénicos (de ese capítulo me conozco bien los datos), transportes y un largo etcétera. Aquel megacongreso terminó por celebrarse en una ciudad estadounidense (no recuerdo cual) dejando a Sevilla compuesta y sin congresistas.

Poco tiempo después, ante esta desesperanza, el entonces delegado de Turismo del Ayuntamiento de Sevilla nos regaló un caramelo del cual no llegamos a abrir ni el envoltorio. En un alarde político –una bravuconada- anunció la llegada de “miles” de agentes de viajes norteamericanos, que compensarían las ilusiones que todos habíamos puesto en el Congreso ASTA. Americanos, como en un remake de Bienvenido Mr. Marshall, llegaron solo un centenar, y no de primera fila precisamente.

Recuerdo todo esto a raíz de lo leído estos días en la prensa, con ocasión de la celebración como cada año de FITUR, de la cual me indican in situ que, por segundo año consecutivo, se ha notado una merma de asistencia así como un palpable recorte de los stands. Pero ese es otro discurso.

Recuerdo esto, insisto, por las noticias volcadas desde nuestro ayuntamiento, en las que se dice que Sevilla se convierte en la primera Chinese Friendly City de toda Europa. Bien, eso me gusta, mientras que sea turismo de cierta calidad y no mochilero, que por dejar no deja ni las huellas.

Ahora bien, creo que el anuncio de este tipo de acciones entraña su peligro. No sabemos, tal como está el panorama mundial, qué puede pasar en el breve espacio de días o de incluso horas. El turismo se mueve por muchos factores ajenos a los propios profesionales. No me negará usted, que está leyendo esto ahora mismo, que no recela de los cruceros después de lo sucedido en estos últimos días.

Por eso, vender la piel del oso antes de cazarlo sigue siendo arriesgado, muy arriesgado, en un sector que se mueve muy mucho por los gustos personales de la persona y por las diferentes situaciones o circunstancias del panorama del destino elegido. No dudo que la voluntad de este ayuntamiento y de sus responsables turísticos no es otra que situar a la ciudad en los primeros puestos mundiales de destinos receptores, pero no puedo por menos que hacerme la pregunta: ¿vendrán los chinos?

Y a partir de esta pregunta, otro buen número de ellas: ¿será turismo de alto standing? ¿visitarán la ciudad en paquetes, haciendo que su estancia en nuestras calles se reduzca a solo unas horas y su alojamiento sea en la muy bien posicionada Málaga o en la Costa del Sol? ¿Tendremos nuevas rutas aéreas directas con otros destinos europeos para facilitar la llegada de los chinos y de camino de quienes no lo son? ¿será la ciudad consciente de lo que esto puede ser y dejará la picaresca aparcada en casa? ¿estaremos a la altura?

Y lo que es peor ¿será esto un cuento chino?

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LAMENTABLEMENTE, ASÍ HA SIDO

15 ene

Quisiera recomendarles la lectura de la reflexión de Ignacio Díaz en su blog SVQ y que bajo el título “La realidad y el deseo” se acerca mucho a lo que pienso de todo esto.

La sangre se me espesa y los dedos se me vuelven de plomo. El corazón se me atormenta y la lógica se me pierde por sabe Dios qué lugares del alma. Es cierto que la tristeza por una familia que no ha podido ni tan siquiera enterrar a su hija continua siendo una moneda que comparto, así como el desconcierto por no saber si, de verdad, es esto lo que tenía que pasar.

Pero lo que mantengo por un momento es la razón, esa la que intento que la ira no me nuble nunca.

La sentencia del caso Marta del Castillo no ha dejado indiferente a nadie. He leído casi de todo en los periódicos y en las redes sociales -llenas en ocasiones de sinsentidos- y no puedo por menos que sacar un par de conclusiones, muy a mi pesar porque son poco populares: que la sentencia ha sido valiente y que sin pruebas concluyentes, en el marco de un estado de derecho, no se puede condenar a nadie.

Con la presión social existente, la sentencia no puedo calificarla de otra forma que no sea de valiente. Lo cierto es que un jurado popular hubiera mandado por muchos años a la cárcel a aquellos que han logrado (con buenas o malas artes) escurrir el peso de la Ley. O que bien y en realidad no tuvieron nada que ver con lo pasado en la calle León XIII en la fatídica noche de un 24 de enero. El juez del caso, al no condenar a aquellos que han recibido gritos a las puertas de la Audiencia, rompe una lanza a favor de la presunción de inocencia. Nadie debe ni puede ser condenado en este país tan solo por su aspecto.

Sin pruebas no hay delito. Y sin delito no hay condena. Solo aquellos que han tenido acceso a toda la instrucción (en la que también habría mucha tela que cortar) pueden conocer si lo expuesto se sostiene bajo los más elementales principios legales. Yo tampoco quisiera verme en la situación que Ignacio Díaz plantea: ser condenado por nada, o solo por la cercanía a algún delito, llámese familiar, llámese amistad.

Sólo queda la prudencia. No es momento de revanchismo ni de iras desmedidas. La solución pasa no solo porque el cadáver de Marta aparezca, para que los frontelas de turno lo hagan hablar y que su familia le brinde el final de este duelo que parece no acabar, sino también por algunas medidas que cada vez son más necesarias en este país. Desde una revisión de la Ley del Menor a una adecuación de las políticas penitenciarias, pasando por una importante reforma del Código Penal.

Y por supuesto, para que los jóvenes no aprendan de esto que matar puede, con un poco de suerte, ser gratuito. Eso se ha de enseñar en las casas. Aun no se ha inventado, con la falta que nos hace, la universidad del respeto y la educación.

Que un coscorrón a tiempo a nadie nos hizo daño.

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¡VAYA LÍO!

5 ene

Cuando yo era niño -y los que tienen una fecha de nacimiento similar quizás estén de acuerdo- sabía algunas cosas que eran verdades absolutas:

- Que durante la noche de hoy, después de haber visto la Cabalgata de los Reyes Magos recorriendo las calles de la ciudad, éstos llegarían a mi casa a dejar los juguetes que habíamos pedido mis hermanos y yo.

- Que el Cartero Real que se sentaba a las puertas de El Corte Inglés, era al que había visto llegar en helicóptero al campo del Betis o del Sevilla y se había encargado de recoger mi carta y hacerla llegar a los Magos.

- Que a uno de estos Magos tendría la suerte de verle de cerca sentado en su trono, así como hablar con él, en la puerta de la juguetería “Los Reyes Magos” de la calle Cuna y con el que además me haría una foto.

- Que este Mago estaba allí, según me contaban y yo creía, porque iba a esa tienda a por los juguetes que los niños habíamos pedido.

- Que los Pajes Reales andaban durante todo el mes de diciembre por los tejados, viendo si de verdad me portaba bien, hacía los deberes y me comía todo lo que mi madre me servía en el plato.

Nada más. Y todo lo tenía muy claro.

Desde hace unos años imagino que los niños o tienen un “cacao mental” mayúsculo o bien no cuentan con la dosis de ilusión que teníamos hace años. Me explico.

Pónganse por un momento en la piel de un niño. Si los Reyes Magos han llegado a Sevilla, van a repartir juguetes toda la noche y después van a marcharse… ¿cómo que en cada barrio vuelven a estar mañana por la mañana montados en otras carrozas?

¿Se han parado a pensar la cantidad de Carteros Reales, Heraldos, Pajes y Reyes Magos anticipados que tenemos durante las últimas semanas? No existe asociación vecinal, club deportivo, hermandad, parroquia o similar que no cuente con un personaje de estas características. Y además ¿por qué todos son negros de piel? Ojo, no entiendan esto como un comentario racista, nada más lejos de la realidad, sino como un mero comentario anecdótico.

Y de los beduinos ¿qué me dicen? ¿quién no es beduino en esta ciudad? ¿quién no se ha vestido estrafalariamente de rojo, verde o amarillo y se ha pintado la cara de negro? Por cierto, ¿quién ha dicho que los beduinos son negros de piel?

Todo esto se está saliendo de madre. Los Reyes Magos, que son tres, sufren cada año una multiplicación similar a la de los panes y los peces. Me pregunto qué se preguntarán los niños. Qué pensarán de todos esos anuncios de heraldos, pajes y carteros aficionados, de ese sin fin de cabalgatas con la mañana del día 6, de tanto personaje de piel oscura suelto por la ciudad transformado en saltimbanqui circense, de esos reyezuelos adelantados a sus días… ¿Qué pensarán los verdaderos protagonistas de todo esto, que son los niños?

No estoy en el caso de tener que lidiar con las preguntas de ninguno de ellos, pero si así fuera, creo harto difícil explicar lo que no tiene, para mí, una explicación medianamente lógica, ni una respuesta adecuada para la lógica ilusionante de los niños. Que son niños, pero no tontos. Es más, son listos como el hambre.

Y todo esto sin meternos a deliberar sobre el gordinflón de barbas y vestido de rojo que desde hace años se nos cuela en nuestras casas y nuestras vidas cuando llega la Navidad, gracias a la influencia de Coca Cola y de los americanos.

De ese, mejor ni hablamos.

 

FELIZ NOCHE DE REYES

 

PD.: ¿Han sido buenos?

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COMO DECÍAMOS AYER

1 ene

No es que las vacaciones se prolongaran más de lo debido, eso quisiera yo. Era que, tras el verano, se comenzaron a suceder hechos importantes que comenzaron a comer el poco tiempo libre que siempre tengo. Y la cuerda se rompió por aquí, por el blog, relegándolo a un último lugar que pronto se empezó a convertir en un olvidado último lugar.

Y a pesar de que los últimos meses del año han dado para mucho, mucho juego se entiende, y que han sido muchas las ideas que se me han venido a la cabeza para escribir, nunca encontraba el hueco adecuado para hacerlo como ustedes merecen: con la tranquilidad del que está pensando que esto hay quien lo lee. Y eso me merece el mayor de los respetos.

Pero vuelvo a las andadas. No sé de donde sacaré le tiempo necesario, pero lo haré. Y como no quiero que pase ni un solo minuto de este 2012 que inauguramos, aquí queda este primer post que casi no dice nada, sólo una simple justificación del tiempo de ausencia.

Verán también que se presenta con una nueva imagen. Eso es lo menos que podía ofrecer, un envoltorio nuevo y que creo más atractivo para las opiniones de este de la foto de aquí de la derecha (con perdón).

Les espero de nuevo, como siempre he dicho, con sus comentarios y aportaciones, que es el alimento de este blog.

Como decíamos ayer.

FELIZ 2012

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