6 Febrero 2010

LA ORFANDAD DE UNA CRUZ DE GUÍA

No eran ya tiempos difíciles. Ese tiempo lo habían pasado los que nos antecedieron. Ese tiempo de enorme desconfianza de los mayores. Pero los nuestros no eran tan fáciles como los de ahora. Sí que teníamos las puertas más abiertas, pero aún se desconfiaba de nosotros, sobre todo a la hora de encargarnos responsabilidades serias, más alla de la limpieza de la plata, la trabajadera o los concursos de “cultura cofrade”.

Eran los comienzos de los años 80, cuando cada mañana de sábado nos reuníamos en la sede del Consejo de Cofradías, para preparar las actividades que desarrollábamos a lo largo del año conjuntamente la Juventud Cofrade. Los habituales que no faltábamos ni un solo sábado, estamos hoy peinando canas (e incluso algunos no peinando nada) y la mayoría con responsabilidades en nuestras hermandades. Han pasado al menos 20 años de aquellos días.

En el Consejo de Cofradías nos daba mucho calor el secretario. Era joven, muy joven, tan solo tenía veintisiete años. Y había dejado tareas como las nuestras casi antesdeayer. José Joaquín Gómez era la persona que compaginaba la secretaría del organismo con las inquietudes de aquella juventud, heterogénea pero unida como una piña. Y una mañana de sábado nos anunció que, al sábado siguiente, el presidente estaría con nosotros.

Pasaron los siete días y José Sánchez Dubé se sentó aquella mañana con nosotros como uno más. Ese día nadie quería hablar de nada, pero esto solo fue el principio. Poco a poco nos fuimos dando cuenta que estaba allí para ayudarnos, aconsejarnos, sugerirnos… en suma, para ratificar lo que estábamos haciendo y lo que queríamos hacer. Y propusimos y propusimos, cuando la lengua perdió la vergüenza, aún sabiendo que aquel señor era “el presidente” y que de él dependía gran parte de nuestro futuro. Nunca le habíamos tenido ni tan cerca ni tan con nosotros. Era un momento importante, que al final del día se saldó con unos resultados que ninguno de los que allí estábamos hubiéramos imaginado: carta blanca para todo.

Aquel Consejo presidido por Sánchez Dubé nos ayudó y mucho, sobre todo en el aspecto económico, financiando todo lo que quisimos hacer, que fue todo lo que hicimos. Incluso la locura de sacar a una Virgen en procesión para acudir a la Parroquia del Salvador y ser uno de los pasos que figuró en la Semana Mariológica. Toda la ayuda de Sánchez Dubé y su Consejo en aquellos días de ajetreo para un grupo de jóvenes fue poca.

Esto es lo primero que he recordado hoy cuando al amanecer el teléfono me ha sacado de la cama con un mensaje: “Pepe Sánchez Dubé ha fallecido”.

Después de aquellos días de los 80 coincidi con él pocas veces, porque fue un hombre que acabado su tiempo se retiró de lo público. Lo hizo bien, muy bien. Muchos debieran aprender de este gesto. Pero en una de las pocas ocasiones que coincidimos, enfrascados en la segunda visita de S.S. Juan Pablo II a Sevilla -año 93- me sorprendió con un comentario y una sonrisa socarrona: “Andréu, cuanto ha llovido desde que nos pedísteis dinero los jóvenes para vuestras cosas…” Aquello me dejó helado, porque a pesar de los años se acordaba. “Érais jóvenes sanos y que nos inspirásteis confianza. En el Consejo teníamos que estar con ustedes. Érais el futuro”, me dijo. Aquella noche acabamos en Robles tomando unas tapas y recordando aquellos “felices 80”.

No haré, aunque sería fácil, una semblanza sobre su figura. Para eso están otros, que lo harán mejor que yo. Solo diré y entiéndase como una opinión personal, que José Sánchez Dube ha sido un gran hombre, un gran cofrade, que no necesitó tan siquiera presidir su Hermandad de la Estrella para aportar mucho y bueno a las Cofradías, a la Iglesia y a la ciudad. Lidió con la responsabilidad de ser el primer presidente seglar del Consejo, que ahora visto en la distancia imagino que fue eso (si me permiten el símil taurino) un toro con dos cuernos bien grandes. Eran otros tiempos en los que la Iglesia era otra cosa. La ciudad no era la misma. Y las Cofradías y los cofrades tampoco. Era 1975.

Ahora que su Virgen de la Estrella ha vuelto a San Jacinto desde el Hospital de la Cartuja, Sánchez Dubé aprovecha para marcharse. Sin alaracas ni voceros. Con el silencio que ha imperado en su vida.

Por eso, y para siempre, una Cruz de Guía del Domingo de Ramos se queda huérfana.

 

Descanse en paz, PRESIDENTE.

 

 

Foto: Gentileza de ARTESACRO

 

 

24 Enero 2010

MARTA DEL CASTILLO, REDES SOCIALES, JOVENES Y ALGO MÁS. UN REFLEXIÓN EN VOZ ALTA

Ha pasado ya un año desde que Marta del Castillo desapareciera. En estos doce meses, los medios de comunicación y en especial la prensa escrita, ha dejado pocos días de informar sobre alguna particularidad de este caso. Por ello, todos los mortales que solemos leer los periódicos por la mañana, hemos estado al tanto de lo que ha ido aconteciendo.

Sigo viendo a sus padres como unas personas cabales y normales, rara avis difícil de encontrar en una situación como la que están viviendo. Un botón de muestra puede ser la protección sobre sus otras dos hijas, a las cuales nunca hemos visto o la portavocía del tío de Marta en los primeros momentos, los más dramáticos para ellos.

Durante este año que ha pasado, yo he sucumbido y he pasado a formar parte de una red social, concretamente Facebook, como podrán ver en este blog a la derecha del texto que ahora leen. La red social me ha proporcionado ratos de alegría, de entretenimiento, de ayuda a la hora de comunicarme con personas a las que hacía tiempo que no veía… en definitiva como un hobbie cuando me siento ante el teclado y la pantalla y como una herramienta más a mi servicio, no yo al servicio de ella.

A Marta del Castillo y a Miguel Carcaño, fundamentalmente, les hemos conocido también a través de las redes sociales. Hemos sabido más de ellos quizás de lo que debiéramos. Y hemos visto fotografías que seguro han navegado por la red más de lo que honestamente debieran haberlo hecho. Sin duda, tanto Facebook como Tuenti son dos armas peligrosas si no se utilizan con el debido cuidado o control.

He saltado de hablar del aniversario de la desaparición de Marta del Castillo hasta las redes sociales para llegar a un punto: la juventud al día de hoy y lo que tienen en sus manos. ¿Es esta la misma juventud que la mía, que la que yo y los que son (sois) como yo vivimos? Ya conozco vuestra respuesta: no. Rotundamente no.

No hago responsable a las redes sociales de todo esto, pero sí tienen su cuota de corresponsabilidad. Creo que uno de los mayores problemas de la juventud hoy día es el poco trabajo y esfuerzo que emplean para conseguir lo que quieren, lo que se les antoja. Esto les lleva a una vida cómoda, donde ya aparecen los ahora conocidos como  “ninis” (ni estudio ni trabajo). Hago una lectura en estos casos de falta de valores y de respeto. Incluso unos brotes de violencia que son verdaderamente preocupantes. La violencia de los jóvenes en las escuelas y fuera de ellas, en sus casas, contra sus padres y sus profesores (¿cuando se ha visto esto?), con aquel que se para junto a un semáforo “y le mira mal”, en los lugares de ocio… todo es un hecho constatable. Lo vemos, lamentablemente, a diario en los informativos y -más lamentable aún- en plena calle.

Podríamos seguir hablando de esto y lamentándonos a cada línea de este post, pero prefiero saltar al otro lado. Porque no quiero hacer un juicio generalizado sobre ellos. Porque existen otros jóvenes -y de esos también tengo datos y experiencias- que no utilizan para nada estos métodos y que, en ocasiones, son blanco de la mofa de los más radicales.

Jóvenes que se divierten sin necesidad de droga o alcohol; que saben hasta que punto deben y tienen que llegar sus relaciones con los del sexo contrario; que se respetan a ellos mismos, se hacen respetar y respetan a los demás; que atienden a un modelo de vida ordenado y con unas reglas de convivencia de lo más normales que existen; que se toman sus estudios como la preparación futura que les abrirá las puertas de la vida; que saben cúal es su hogar -no su casa- y lo que representan sus padres en su vida.

El éxito -o la forma- de vida estos jóvenes radica en el punto de referencia que han tenido desde que nacieron: su casa, sus padres, su familia. El que considero el núcleo de la sociedad que no debe ser alterado. La raiz del comportamiento, de la actitud, de los modelos a seguir. En el fondo, esos jóvenes desviados de la conducta lógica y normal de una persona tienen a su favor, como descargo que diría un jurista, el hecho de que viven lo que ven.

Y para colmo de bienes, los jóvenes que conozco que se divierten de la forma más normal del mundo, son a la vez felices, muy felices con su modo de vida. Chicos y chicas a los que les sobra vida, que irradian vida. Sus ojos lo dicen. Sus palabras lo cuentan. Gente joven que, en el fondo, es normal, muy normal.

Porque lo anormal, a mi entender, es otra cosa.

Que cada uno saque sus conclusiones. Y si quieren, las cuentan.

14 Enero 2010

¡QUE EMPIECE (POR FIN) EL ESPECTÁCULO!

Hoy viernes es el día en el que, sin riesgo a equivocarme, mis amigos Antonio y Álvaro -más conocido este último como El Moe de Triana- comienzan al igual que yo a dormir poco, aunque bien. Hoy -¡por fin!- la radio e internet llenarán de coplas carnavaleras nuestros sueños. Desde el punteo de una guitarra en la comparsa, a la chispa de los cuartetos, pasando por los piropos del tango y la guasa de las chirigotas.

Será hasta el próximo 12 de febrero, en el que la “Casa de los ladrillos coloraos” acoja la Gran Final, cuando disfrutaremos cada noche del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavaleras, la antesala del Carnaval de Cádiz. Nos quedan muchas madrugadas de insomnio, sobre todo la noche en la que Álvaro se suba con su chirigota “Los del tres por cuarto (buena táctica pa un partidito)” a las tablas del Falla. Todos, lo sabes, estaremos contigo esa noche. Nuestro calor y nuestros aplausos son solo para ti y tus amigos, compañeros de noches de ensayo, de risas y también de sinsabores, que los habrá habido sin duda.

Son un total de 198 agrupaciones las que pasarán por el escenario del Falla y por nuestros oídos… bueno casi todas. A partir de que acabe esta primera fase, el concurso irá calentándose y tomando emoción.

Y desde este blog, como cada año, lo intentaremos contar poco a poco.

Me aventuro a recomendar algunas agrupaciones, a solo unas horas de que todo esto comience. Me mojo y ahí voy:

CHIRIGOTAS: El Escuadrón de los Partibles (José Manuel Braza “Sheriff”); El Submarino Amarillo (Manolito Santander); Los Falsos (El Love y el Cabra, atentos como siempre a esta agrupación); Los Parapapá (Kike Remolino); Los que no se enteran (José Luis García Cossío “El Selu”, ojo, que puede volver a ser un pelotazo); Los que siempre te dan la espalda (“El Canijo de Carmona” y Tino Tovar); Los que van por derecho (Vera Luque); Los emires por donde lo mire (Yuyu).

COMPARSAS: Boludos (Luis Rivero); El dueño del mundo (Nene Cheza); El G-15 (Los Carapapas); Kurare (Luis Ripoll); La caja de Pandora (Quiñones); Las noches de Bohémia (Juan Carlos Aragón, presagio gran pelotazo); Los Caballeros de la piera reonda (Antonio Martín); Los Santos (Jesús Bienvenido)

COROS: El Batallón de la Libertad (Julio Pardo, suena a gloria bendita, como siempre); El cofre del tesoro (Coro del Lama); La Academia (nuevo coro de Luis Rivero, atención a él); Las Reinas del Pópulo (Nandi Migueles); Seguimos dando la vara (ojo, nuevo coro de la hija de Julio Pardo).

CUARTETOS: como los que me leen saben que no me gustan, no me atrevo a recomendar ninguno.

Ya saben, los próximos días hablaré de Carnaval. Sólo para jartibles. 

Hasta aquí hemos llegado en esta primera entrega. Al igual que el año pasado, les dejo una letra -sí, de las antiguas amigo Antonio, esas que nos gustan a nosotros- para cerrar este post. Una letra -y una música que hay que imaginar- que fue de las primeras que grabó mi memoria y que hoy rescato del fondo de mis recuerdos, de tiempos pretéritos, perfectos o imperfectos, pero  que siempre se recuerdan.

Para que todo el que llegue a esta ventana se enamore, como yo, de Cádiz y su Carnaval. O simplemente, se enamore. Si es así, habrá servido para algo.

DÉJAME, NIÑA
Déjame niña un requiebro,
para cantarle a mi pueblo,
por Carnavales.
Y aunque me diga la gente,
que soy un muerto viviente,
ya cambiaré.
Y si muero de locura,
que es una muerte muy dura,
para un amante.
Y si de locura muero,
en Carnaval en febrero,
reviviré.

Cuéntame niña tus penas, que sufriré la condena,
entre tus brazos.
Que si tengo alguna herida, yo buscaré siete vidas,
para olvidar…
Pisa con garbo mi capa, y si ésta noche te escapas
ya habrá otros días.
Te espero mañana noche, casapuerta número doce,
y aunque el cristal de la vida igual siempre brilla, en ésta locura
sólo brillamos tú y yo.
Y si alguien no te quiere que de sus razones y que los tiburones
se los coman de un tirón.

Ya está sonando ese tic-tac, tic-tac,
vente a jugar por Carnavales,
un callejón sólo te puedo dar,
allí maullaremos a Cádiz.

De bandolero, muerto, loco, antiguo,
un día muñeco, un día gato,
siempre te canto.

¡Hoy me he pintado una sonrisa
para darte, mi niña, hasta el corazón
de este payaso!

Letra y Música: Antonio Martínez Ares
Comparsa “Sonrisillas”. 1990

10 Enero 2010

REBAJAS

Por mucho que durante estos días escuchara y leyera en los medios de comunicación a los portavoces de APROCOM y de FACUA facilitar a los consumidores una serie de recomendaciones sobre las rebajas, creo que es muy dificil saber si de verdad éstas existen o, por el contrario, nos toman el pelo de alguna forma… o bien nos lo dejamos tomar. Es la eterna duda que me corroe cada año en estas fechas: ¿existen de verdad las rebajas?

Hoy ha sido mi día de rebajas. Cierto es que he vuelto a mi casa con alguna que otra bolsa de unos grandes almacenes -aunque fundamentalmente descambios de Reyes Magos equivocados en mi talla- pero donde de verdad he buscado lo que más me interesaba he encontrado el precio esperado: de rebajas nasti de plasti.

La cosa no estaba para comprobaciones de cuánto era antes y cúanto es ahora. Y menos para pedir explicaciones -no soy de esos- a los pacientes vendedores, que bastante tienen con aguantar a tal cantidad de público enfervorizado a la caza de la “ganga”. Las rebajas, para mí, suponen en algún caso comprar algo que no va a servir de nada, aunque esté barato. Esto responde al nombre de consumismo, cosa a la cual odio sobremanera.

No piensen que he buscado diamantes al precio de baratijas: los diamantes -por hablar de alguna forma- se identifican con facilidad, aunque estén bien ocultos o maquillados. Y sólo hace falta escarbar un poco para sacarlos a la luz. Entonces es cuando brillan con luz propia. Esto lo sé bien. Y en más de una ocasión lo he puesto en práctica, logrando siempre el éxito personal e íntimo que conlleva algo así. ¡Qué le vamos a hacer! Quien me conoce sabe que me gusta lo bueno -aunque sea difícil conseguirlo-, más que lo malo, que siempre es más fácil de adquirir. Aunque tenga que pagar un precio no lo suficientemente rebajado, pero termina convirtiéndose en un reto, más personal que comercial. Los diamantes, por seguir con el símil, duran para toda la vida. Y las cosas que a mi me interesan me gustan que me duren en el tiempo. Si es posible para siempre. ¿Lo entienden?

Si a todo esto le unimos la crisis económica -lo digo porque desde hace un tiempo, escrito que no lleve la palabra crisis ni es escrito ni es ná de ná- y las lluvias de los últimos… ¿cuántos días?, el comercio debe resarcirse de alguna forma de las pérdidas que lleva acumuladas. No digo que nos estén tomando el pelo, ni mucho menos. Bastante llevan pasado, con todo esto y la ruina causada por las obras de la ciudad. Vengo a decir que la oferta y la demanda en estas rebajas creo que tiene un perfil distinto.

Sea como sea, bienvenidas sean las rebajas por poco o mucho que yo dude de ellas, por poco que me gusten aunque acuda como tantos. Al menos, hacen que muchas personas abarroten la calle y el comercio y den vida a esta ciudad que vive uno de sus peores momentos, si bien los beneficios en las cajas registradoras de las tiendas sean escasos. Las rebajas, esas que ahora han comenzado y que durarán algo más de un mes, rejuvenecen las calles, las tarjetas de créditos y los bolsillos de los que, en contra de muchos, no padecen la cuesta de enero.

Una cuesta de enero que espero subamos pronto y de un solo tirón y que dure solo lo que indica su nombre.

Enero, sólo enero, por favor.

30 Diciembre 2009

UN CUENTO DE REYES (como la VIDA misma)

No me gustan las leyendas urbanas: esos bulos que corren como la pólvora de aquí a allá y que, por arte y magia de la palabrería de un puñado de charlatanes, se terminan convirtiendo en una casi verdad, llena de más mentira que de certeza. Una de las que más detesto en estos días es la referente a los Reyes Magos. Y esta leyenda urbana no dice otra cosa que “los Reyes Magos son los padres”. Mentira. Como la copa de un pino.

Los Reyes Magos del Lejano Oriente son los Reyes Magos del Lejano Oriente. A saber, Melchor, Gaspar y Baltasar. Lo son, lo han sido y lo serán, por mucho que ese gordo vicioso que viste de rojo y no se afeita su sucia barba blanca les quiera arrebatar protagonismo. Ni sabe, ni puede. A ese, ni cuenta…

Los Reyes Magos del Lejano Oriente existen. Y quien no crea en esto es un adulto amargado de su días. Por contra, aquellos que creemos que sí, que lo son y que en unos días estarán por las calles, seguimos siendo niños en cuerpos adultos, pero niños de espíritu al fin y al cabo, que es lo importante. Y más si hace unos días a alguno que otro le hicieron un lifting al alma. Pero eso es otro tema.

Los Reyes Magos del Lejano Oriente andan ya cercanos a las puertas de la ciudad, con todos sus lacayos y servidores, que aquí los llamamos beduinos. No los vemos, por más que los busquemos, porque son Magos. Y mandan a sus pajes a los tejados de las casas, para ver si nos portamos bien… y nos comemos toda la comida. Aquí, a más de uno, nos debían de reprimir por aquello del sobrepeso. Pero no importa: ya llegará enero con las rebajas.

Los Reyes Magos del Lejano Oriente vienen, como cada año, cargados de magia para repartirla por los hogares de la ciudad, para que todos los niños y niñas tengamos la alegría de abrir un paquete envuelto en un papel de colores (¡que me gusta abrir un regalo!) y para que al menos, en una noche al año, nos acostemos temprano pensando que se beberan ese vaso de leche que dejamos en el salón de casa. Esa noche en la que nos acostamos con el postre dulce de la ilusión, en forma de rosco con sorpresa.

A los Reyes Magos del Lejano Oriente en Sevilla, desde hace ya muchos años, una institución llamada el Ateneo le busca tres ayudantes, porque ya somos muchos y, a pesar de que son Magos y del lejano Oriente, es preciso echarles una mano para que hagan su trabajo en solo unas horas.

Yo he sido siempre mucho de Gaspar. Pero este año soy más de Melchor. Y no es un capricho o un antojo. Tiene su razón. Les cuento el porqué de esto.

Sé bien que cuando el Jefe de la Casa Real de SSMM Los Reyes Magos del Lejano Oriente llamó, allá por el mes de septiembre, al Ateneo para que le dijeran los nombres de los ayudantes sevillanos de este año -bueno, del que viene- quedó muy sorprendido al saber que la persona que encarnará en el espíritu de Melchor es un hombre que durante todo el año hace… ¡magia!. Sí, magia, pero de la de verdad. Sin truco, ni trampa ni cartón.

El Melchor sevillano de la Cabalgata del próximo 5 de enero, esa que dejará kilos y kilos de caramelos en la ciudad, lleva años repartiendo regalos a muchas familias, a muchos sevillanos, a todos aquellos que se acercan hasta él a la consulta de Oncología del Hospital Virgen Macarena. Este Melchor sevillano, Rey de la Vida más que del Lejano Oriente, utiliza sus sabios poderes y conocimientos para convertir en vida casi todo lo que toca. Para apartar, con su sonrisa amplia y limpia, esa enfermedad que responde al nombre de un signo del zodiaco y que tanto miedo nos da decir a los que somos aún niños de ilusión contenida una noche al año. Y él lo hace porque sí. No le den más vueltas.

Lo sé y lo cuento. Tal como lo sé, tal como lo he visto. Nadie me lo ha contado. No es una leyenda urbana. Creánme, es verdad.

Por eso, este año cuando su carroza se acerque, yo levantaré los brazos para coger sus caramelos. Caramelos de vida y salud, la que lleva repartiendo durante toda su vida. Toneladas de dulzura, como el fondo de sus ojos verdes. Ese es mi Rey Mago este año.

Quisiera seguir escribiendo, pero pensar en su alegría en estos días (y en la mía desde que lo supe) me deja fuera de juego.

A Manolo Codes, que es el nombre en la tierra del Rey Melchor, no le hace falta corona de oro ni mantos de armiño. Ni carrozas, ni camellos; ni barbas postizas, ni guantes de seda. Ni que nadie le pasee por la ciudad, ni tampoco que le aclamen, ni música que le toque. Ni pajes reales, ni servidores, ni tan siquiera beduinos. Ni Estrella de la Ilusión, ni Mago de la Fantasía, ni Heraldo Real, ni Cartero ni Gran Visir. Por no hacerle falta, ni Cabalgata ni casi el Ateneo, que ya es decir.

A Manolo Codes sólo le hace falta que nadie le quite, en muchos años, su bata blanca de cada día. Y que siempre tenga dibujada su sonrisa limpia. Y que el fondo de sus ojos verdes sigan transmitiendo verde esperanza. Y que Dios, ese Dios al que él adora cada año llegada la Cuarema, siga dándole poderes mágicos a sus manos.

Eso es lo único que he escrito en mi carta este año. Mi carta a Melchor, a Gaspar y a Baltasar. Y al gordo de rojo y barbas bancas, que nada tiene que ver en esta historia, pero por si acaso tiene influencias en algún sitio.

Lo pido para él, que es como pedirlo para todos. Y para siempre. Eternamente. Como los Reyes Magos del Lejano Oriente.

Los que, creánme, existen de verdad.

 

 

26 Diciembre 2009

VUELVE A CASA POR NAVIDAD, SI TE DEJAN

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA CONFEDERACION ESPAÑOLA DE ORGANIZACIONES EMPRESARIALES (CEOE)

Distinguido Sr. Presidente de la CEOE:

Sean por delante mis palabras de felicitación en estas fechas navideñas, que a riesgo de equivocarme habrá pasado junto a su familia y a sus seres queridos.

Viene usted siendo noticia desde hace días, a consecuencia del embargo de los aviones de la compañía Air Comet, que preside, y el consiguiente cabreo monumental de aquellas personas, sudamerianos en su mayoría, que han quedado en Barajas sin poder pasar estas fiestas con sus familiares, en lugares tan alejados como Perú, Chile o Argentina.

No valoraré, distinguido presidente, si estos incidentes habrán hecho mella en su estado anímico durante estas fechas. Pero lo que sí es cierto que su actitud, ciertamente lamentable y bochornosa al afirmar que ni usted mismo hubiera sacado un vuelo en su propia compañía, ha sido el hecho que me ha empujado a escribirle estas líneas. Estas declaraciones me han parecido del todo insolentes y verdaderamente lamentables.

Verá Sr. Díaz Ferrán. Desde mi humilde punto de vista, un empresario debe ser una persona que cree riqueza, genere empleo y cumpla lo acordado con sus clientes. Por lo que se ve, o por lo que veo, ninguna de estas tres cosas ha hecho usted de forma acertada: la compañía que preside no solo ha incumplido lo pactado con sus clientes (un billete de avión no es, ni más ni menos, que un contrato entre dos partes para la prestación de un servicio); ni ha creado riqueza (ha presentado un concurso de acreedores, más conocido por suspensión de pagos); asi como un expediente de regulación de empleo sobre una plantilla que lleva algo más de dos meses sin cobrar.

A pesar de esto, usted sigue presidiendo la Patronal. Dígame esto cómo se entiende, se lo ruego, porque no alcanzo a entenderlo. A mi no me bastaría que los empresarios me aplaudieran en la Asamblea y me pidieran que me quedara. Yo apelaría algo más a eso que en mi tierra llamamos “vergüenza torera”. ¿La conoce?

El Gobierno, ese al que usted hace unos meses ha tenido puesto contra las cuerdas en relación con la reforma laboral, ha salido al paso del “pollo” (o pavo, por eso de las fiestas) que usted ha montado en Barajas. Nos va a costar a todos los españolitos de a pie la friolera de 6 millones de euros. Espero que José Blanco, el Ministro de Fomento que le ha sacado a usted las castañas del fuego, no pase página y usted asuma su responsablidad sobre esta deuda.

¿O es que la reforma laboral se va a negociar con este gesto?

Créame, Sr. Díaz Ferrán, que debe ser lamentable y tremendamente duro, haber estado ahorrando para un billete de avión que nos lleva junto a los nuestros y que ese avión no exista. El Gobierno, ahora lo sabemos, le dio de plazo hasta el próximo 10 de enero. Pero usted decidió tensar la cuerda y romper la baraja. Los que han pagado los platos rotos son los de siempre: aquellos que nada tienen que ver con lo sucedido, ni con usted ni con sus empresas ni con sus arquitecturas financieras, y que se han convertido en lamentables actores de una tragicomedia que todavía no ha acabado.

No se equivoque, Sr. Díaz Ferrán. Usted no es ejemplo de nada, salvo de la truanería más especulativa de este país. No suelte en los medios de comunicación perlas como la de que se mantiene en la presidencia de la CEOE porque, dados los tiempos que corren, podrá entender mejor a los empresarios que están en crisis. No, caballero, a mí al menos eso no me sirve de nada. Salvo para reirme. O para llorar, quien sabe. A usted no le está sucediendo nada que sea provocado por la crisis. A usted le está sucediendo esto por haber querido ser el más listo de la clase. Y no lo ha sido, fíjese.

Me despido de usted, distinguido presidente de la CEOE, con el deseo de que pase una salida de año en compañía de los suyos, sus familiares y seres queridos.

No le deseo -líbreme Dios- que se vea lejos de ellos nunca, y menos en Navidad. Pero sí me conformaría con el hecho de que el próximo 31 de diciembre, cuando llegue a su casa para compartir las uvas de la suerte, se quede encerrado en el ascensor de su domicilio, la alarma esté estropeada, el portero esté de vacaciones y no tenga cobertura en su móvil.

Que sienta, por unos minutos, qué es la impotencia del abandono y la soledad.

 

 

22 Diciembre 2009

NEW YORK, NEW YORK

Las maletas reposan como siempre en el salón de casa. Llevamos esta vez el suficiente espacio como para no tener que traer bolsas de mano a la vuelta. Las muchas horas de avión nos aconsejan que mejor ligeros de equipaje. Por fin vamos a pasar un fin de año donde siempre hemos querido pasarlo, los dos juntos sin nadie más.

Sí, por fin Nueva York nos espera para recibir el año nuevo en uno de sus hoteles -el hotel de mis sueños- y en sus calles, entre sus monumentos, pisando su nieve…

En el Hotel Ritz Central Park, de cinco estrellas gran lujo, nos espera una suite y por supuesto el maravilloso Cotillón de Fin de Año. Me aseguran desde el hotel, con quienes ya llevo hablando unos días y comenzamos a tomar algo de confianza los unos con los otros, que encontraremos entre los exclusivos 200 asistentes entre los que nos encontramos, más de una cara conocida de Hollywwod. Ellos mismos se han encargado de buscarme un smokin para esa noche, ya que el mío tiene varios finesdeaño encima y además me queda ya un poco estrecho. Carmen no tendrá pegas con su vestido: en el hall del hotel existe una tienda de Valentino donde podrá salir del paso con algún modelo exclusivo, incluso de bolso, medias, zapatos y todas esas cosas de las mujeres. Por supuesto también la cita para la peluquería y el maquillaje nos lo ha resuelto el hotel. Se lo trabajan bien los chicos de la recepción. Nos están dando, a tanta distancia, las mejores y mayores facilidades que nunca nos han dado. Tendremos que dejar una buena propina.

Queremos, en estos días antes de que acabe el año, disfrutar de la ciudad y dar un paseo por Central Park, pero de noche, que es más romántico que de día. Para eso, tambien desde el hotel -que está muy cercano- y al tratarse de la noche y el peligro que encierra la misma dentro de ese espacio tan singular de la ciudad, nos han facilitado (contratado mas bien) escolta privada y un coche con cristales y carrocería blindada. Ha costado un riñón, pero así iremos más seguros y merece la pena ese gasto adicional. Lógicamente, también aprovecharemos estos días anteriores al fin de año, para visitar la Zona Cero, Manhattan y la Estatua de la Libertad. Otro día lo queremos dedicar por entero al MOMA, del cual ya he sacado las entradas a través de Internet y si ese mismo día nos diera tiempo a la Catedral de San Patricio. Para esto he reservado a través de su web una visita Vip. Las confirmaciones están en mi bolsillo.

No queremos dejar de pasearnos por la Quinta Avenida y visitar el estanco donde unos cubanos presumen de tener todos los tabacos del mundo. Les compraremos Ducados Rubio y Nobel, a ver si de verdad los tienen, je, je. Y por supuesto por la tienda de velas y plantas aromáticas llamada “Macarena”. Es una foto imprescindible, ya las verán ustedes aquí y en Facebook, igual que las que nos haremos por Rockefeller Center y por Times Square, aunque mi mujer ya me amenaza con que quiere su tiempo -sin prisas, por supuesto- para perderse en las galerías del Metropolitan y del Natural History.

Y el resto de los días ya veremos cómo nos lo vamos montando. Hay tantas cosas para ver y disfrutar que no nos vamos a aburrir. Queremos venir con los deberes hechos. Por si acaso, he contratado una guía que habla español y que la tendremos a nuestra disposición para la jornada que queramos.

Como hacemos siempre antes de un viaje, me he encargado de todo lo que no es la ropa (de esto se encarga Carmen) y he prestado toda mi atención a revisar el resto del equipaje: cargadores de móviles, cámara de fotos, billetes de Ave para Madrid y billetes de avión desde Barajas hasta el aeropuerto John F. Kennedy, bono del hotel, pasaportes y visados, algo de lectura para el vuelo, planos, guía turística, entradas de monumentos sacadas por internet e información de la ciudad. Y una carta de mi amigo el Embajador de EE.UU. en España, que me abrirá algunas puertas… ya les contaré a la vuelta. Quizás tomemos una tarde un helicóptero para llegar hasta el estado de Maryland y merendar en Camp David… 

Además de eso, me he encargado del cambio y no con pocos problemas he logrado conseguir, gracias a tres bancos distintos, los 10.000 dólares que llevamos en efectivo para los gastos. Si hiciera falta algo, tiraremos de la Visa Oro o de la American Express, que para eso están.

Me voy a acostar pronto hoy porque estoy deseando ya que amanezca; pedir un taxi y salir juntos de casa, rumbo a un fin de año que pretendemos que sea espectacular.

Mañana será el gran día. 

*   *   *

 

En el salón de mi casa no están las maletas, ni yo he visto nunca 10.000 dólares juntos, en billetitos contantes y sonantes. No tengo reserva en el Ritz-Carlton, ni por supuesto un equipo de seguridad privada nos acompañará a Central Park.

Si necesito un smokin para una fiesta de fin de año, me tengo que conformar con el que tengo ya desde hace tiempo. Y mi mujer, lamentablemente, no tiene ningún modelo exclusivo de Valentino, aunque le gustaría tenerlo y a mí comprárselo. Como comprenderán también, al Embajador de Estados Unidos en España no le conozco, ni él a mí. Es más, ni sé quién es ni lo he sabido nunca. Y a él le pasa lo mismo conmigo.

Y mañana, 23 de diciembre, como todos los días, me levantaré con el sonido de mi despertador, como todos los días, para ir al trabajo, como todos los días.

Nueva York  tiene un año más que esperar.

Como a muchos de ustedes, no me ha tocado la Lotería.

 

PD: La Visa y la American Express van a continuar en un cajón bien guardaditas. Tienen anemia.

 

 

 

20 Diciembre 2009

LIFTING AL ALMA

La noche pintaba aguas. Brasero y pijama era lo que pedía la mejor de las veladas. La ciudad entraba en ese instante en el que se cierran las persianas de los comercios y los noctámbulos comienzan a tomar las calles, refujiando la humedad de sus paraguas en restaurantes y tapeos, al calor de una copa de Rioja o la efervescencia de una Cruzcampo bien fría. La lista de las tapas se desgrana, a esta hora, de pizarras de tiza (como en un colegio) o en la boca de los camareros, profesores del arte culinario de esta ciudad. El viernes comienza a agotar sus horas, que serán cada minuto (o cada segundo) más intensas que las de cualquier otro día. Y en este viernes de festividad de esperanza, quien escribe cambia el mando a distancia de la tele por un mando a distancia que le desplaza en el tiempo, como si de una obra cualquiera de Verne se tratara. 

Cuando la aventura del taxi toca a su fin, con una supuesta meta en la calle Julio César, ya adivino desde la calle algún rostro conocido. Me da un vuelco algo dentro de mi. No puede ser verdad, pero es así. Y así va a ser. La puerta de “El niño de Pura” se me abre como un pasadizo en el tiempo y me abraza y traslada, por un instante, a patios y eucaliptos, aulas de ladrillo visto, canchas de deporte y una capilla donde di un importante paso en mi vida cristiana. Me lleva hasta un lugar ni lejos ni cerca, que hoy casi no conozco, más allá de donde aún se sigue acabando la ciudad y cerca de aquello que en un tiempo fue la primera pista de hielo (y única) que tuvo la urbe: Hielotron… ¿os acordáis? 

Es Javier Arjona al primero al que le echo el brazo sobre los hombros. No hacen falta presentaciones. Me mira y se dibuja una sonrisa en su rostro… como me irá pasando con todos a los que saludo. ¿Hemos cambiado? Si es por Javi diré que no, porque al momento de estar allí ya suda de lo lindo. Pero esto no ha hecho más que empezar. Aún quedan muchos dentro. En el primero de los grupos Vicente García, al que vi por última vez el pasado Domingo de Ramos; Javier Caro, con una barba que es una envidia y Gonzalo Carrión, tocadete del ala porque viene de un almuerzo. ¡Pero que poco habéis cambiado! ¿Me veréis igual a mi?, pienso. No sé, supongo que sí porque no dudan de mi nombre. La alegría se instala en las paredes y en las mesas, en las sillas y en los cristales que dejan ver la lluvia de la noche. 

No pretendo que existan agravios, pero el primero de los abrazos de la noche es a Manolo Chicharro. ¿Han pasado treinta años? Por ahí debe andar la cuenta. Y siguen desfilando “gente de la clase” con los que hago la misma cuenta: Pepe Harris (con “h”, así lo aprendí y así lo escribo); Emilio Fernández Toscano (sin acritud, querido, que lo de los pocos pelos es símbolo de sabiduría); o Emilio Drake, del que conozco la placa de su despacho; ya se por tanto donde enviaré fruta escarchada y fruta de Aragón cuando pise otra vez la ciudad de Zaragoza. Te lo prometo, Emilio. Palabra de Escolapio. 

Dos niñas (sí, he dicho niñas) a las que no reconozco a primera vista, salen en mi primer deambular por la taberna: María José Cano y Ana Garrido. De una busco sus pecas, las que no encuentro y me tiene ella misma que dar una explicación más tarde: cosas de mujeres y maquillajes; de la otra esperaba su admisión como amigo en Facebook, la cual se ha producido hoy cuando esto escribo. Nunca es tarde. A lo lejos, aunque solo sean unos metros, Luismi me mira desde su altura. No me lo puedo creer. Segundo abrazo de la noche. Nada ha cambiado a este bribón. Sigue siendo ágil en el comentario y en las formas, al igual que hacía con el balón en los pies.

Aparecen Inma y Yolanda. Me dan una pegatina con mi nombre. Y a mi apellido le ponen la tilde, esa con la que casi nadie condecora a mi letra E. Besos, sonrisas sinceras y la pregunta de rigor, la que yo esperaba “¿y la chaqueta marrón?”. Otro día lo contaré, pero ha sido un disgusto. Rien igual que rien en mi memoria. Lo bueno, si es bueno de verdad, ni el tiempo puede cambiarlo. Así son sus sonrisas, no lo dudo. Más apretones de manos, a buena gente del “B” y del “C”, de los que me cuesta poner en pie sus nombres, pero no sus rostros. Recurro a las pegatinas. Pero nadie se despinta. Fueron niños cuando yo lo fui. Y eso es difícil de olvidar, tanto que el disco duro de la memoria no quiere borrarlo nunca: son archivos protegidos. 

Avanzo hasta el final del bar. Juan Gálvez, muy culpable del éxito de la noche, rie para no variar. Carlos García Campuzano me saluda, quizás al que menos extrañe, porque es también al que más veo. Pero también me alegra y mucho, sabiendo que su firma está en un documento que desde China me traerá la felicidad que falta en mi vida. Fernando García Jiménez se me cruza. No sé cómo lo habrá hecho, pero es el mismo… ¿seguirá fumando tabaco mentolado? Y a Enrique Avilés se le dibuja una sonrisa cuando me ve, creo que igual a la mía. Al verle me traslado sin querer de Montequinto a Ponce de León, hasta el Colegio antiguo, aquel en el que empezamos juntos. ¡Coño, Enrique, esto no puede ser verdad!. Una de las guindas de la noche me la sirve Cándido Bolaños, cuando alude a mis canas como la herencia que me dejó mi madre. La recuerda. Recuerda a mi madre. Y me emociona el comentario. ¿Cómo puede pasar esto? ¿Es de verdad o de repente el despertador va a sonar diciéndome que todo ha sido un sueño? Lo de Cándido es de sobresaliente. No me extraña, viniendo de él. Prometo verle y comer juntos en Málaga, ciudad en la que vive. ¡Qué tipo tan especial y tan verdadero a la vez!

Hablamos entre nosotros de Miguel, lejos en su Galicia. Sé que leerá esto y por eso lo cuento. Todos, todos, nos acordamos de ti. Aquí lo tienes en un párrafo exclusivo. No te mereces menos. Me cuentan qué es de tu vida. Yo sólo pregunto “¿es feliz?” Y me contestan que sí. Nada más, por tanto, ha de preocuparme de quien siempre estuvo antes que yo en la lista de la clase. 

Creo que Belén Cabello ha llorado, me lo cuenta su fondo de ojos. No es extraño, porque a mi me ha faltado sólo un pelo para hacerlo. Amigos comunes y trabajos similares. Belén y yo hablamos el mismo idioma. Por ella tampoco ha pasado el tiempo. Y un Pater de bata blanca recuerda mi apellido. Un rector de silla en la Campana cuando llega Semana Santa y al que cada año busco bajo mi antifaz. Él también sabe que el nazareno de San Esteban soy yo. De cofradías también hablo. Es con Manolo Parejo y Juan Hernández, colega este último de cargo, que se interesan por mi nueva responsabilidad. Les explico. Les cuento. Me escuchan. Por allí anda, en otro corrillo, Rafa Agrela

Fotos, fotos y más fotos. En los próximos días estarán muchas de ellas en Facebook. La noche discurre a pedir de boca. Creo que no hace falta nada más. Tan solo estar allí o en cualquier otro sitio. Pero estar los que estamos. 

Van pasando las horas. El cansancio comienza a agotarme y la voz me juega una mala pasada. La pierdo por culpa de la música del garito en el que Juan Galvez nos mete, controlando cada movimiento para que allí no falte de nada. Gracias, Juan, de corazon. Y llega la hora de comenzar las despedidas. Hay intercambios de teléfonos, de tarjetas de visita… y por supuesto la firme propuesta de muchos de nosotros de que no pueden pasar otros treinta años. Yo no quiero. Me niego a que esto sea así. 

La luna ha vencido a la lluvia. Voy caminando solo en busca de un taxi. No tengo prisa, será que no quiero que la noche se acabe, aunque yo me marque mi propio fin. Y comienzan a fraguarse estas líneas en mis solitarios pensamientos, cuando el reloj roza ya las 3,30 de la madrugada. Pienso que todos, absolutamente todos, son una vieja guardia que está ahí, que lo ha estado siempre y que va a seguir estando. Nunca acudí a ellos, pero a partir de hoy no tengo la más mínima duda de que, en caso de necesidad, ninguno me volverá la espalda. 

Dejo el egoísmo a un lado cuando continuo caminando por la ciudad, a esta hora solitaria y vacía. Me subo al carro. Yo también estoy ahí (¿o es aquí?) para lo que cualquiera necesite. Me hago esa promesa, a mí mismo. Esas son las que de verdad se cumplen: cuando uno se promete algo. Yo mismo no me puedo fallar. Por eso, a sólo unos metros del puente de Triana, me monto en un taxi al que le indico dónde está mi casa. Pero le digo al taxista, con un débil hilo de voz, que por favor pase por la calle Julio César. Así lo hace el buen hombre, que no sé que pensaría de mí. 

Les he dejado dentro a muchos de ellos. Me debo a lo que quieran, a lo que pidan. Y también a lo que no pidan. Muchas horas de infancia juntos nos llevan a esto. Lo dijo Luismi y lo clavó, es así de cierto. Y a detectar, si fuera necesario, la carencia de alguien que esta noche ha reído pero, quien sabe, si llora por algo en la soledad de su casa. No me gusta que nadie llore, salvo que sea como lo hace Belén, por la alegría del encuentro. Todo tiene arreglo en la vida, si se arriman los hombros necesarios. Y el mío ya está ahí. Para quien lo necesite.

Aquí estoy. Aquí me tienen.

Para lo que ustedes quieran mandar.

13 Diciembre 2009

(IN)SOLIDARIDAD NAVIDEÑA

Me llama poderosamente la atención que cuando llegan las Navidades, todos (o al menos la mayoría) nos inundamos del espíritu de la Navidad: época en la que hablamos de ser mejores, acordarnos de los demás, hacer buenos propósitos para el próximo año, ser más solidarios, etc., etc.

Pero es en esta época cuando se comete la que a mi entender es una de las mayores injusticias y atrocidades sociales del año. Es en esta época cuando no somos solidarios con algo. Es en esta época cuando nuestro desprecio se hace más latente hacia un elemento que, por derecho propio, es parte de la Navidad.

Me refiero al mantecado de limón.

¿No se han fijado que es el que todo el mundo aparta a un lado de la caja? ¿Se percataron en alguna ocasión que, cuando ya está entrada la Cuaresma y la caja de mantecados aún anda estorbando por medio de la cocina, en su interior solo habita el triste mantecado de limón? ¿Ofrecieron alguna vez a sus invitados en estas fechas unos “mantecados de limón” riquísimos y artesanos? ¿Acompañaron la sobremesa o la merienda con este dulce, en algún momento del solsticio? ¿Visitaron algún lugar donde vendan esos mantecados artesanos, liados siempre en un papelito blanco, y compraron un cuarto de kilo de mantecados de limón?

No se engañen y no me engañen. Ustedes, como yo, han sido siempre, desde que tuvieron uso de razón, unos insolidarios y egoistas con el mantecado de limón. Nunca su mirada se volvió hacia él cuando la caja de La Estepeña o El Patriarca se abria en mitad de la mesa; y si por cualquier causa -equivocada siempre- nuestra mano cogía el del verde envoltorio (verde no precisamente de esperanza… o sí), todos, absolutamente todos, lo hemos devuelto a su lugar de origen con la despectiva frase de “este es el de limón”.

Hoy, desde mi blog, quiero hacer una encendida defensa de este dulce -el cual nunca comí- como el gran damnificado de las Fiestas de Navidad. Y llego a atreverme a decir que le arrebata el primer puesto al pavo, que al fin y al cabo acaba sus días en estos días, siendo protagonista absoluto de la cena y servido en bandeja de plata o cerámica. El pobre mantecado de limón sufre una lenta y terrible agonía, cuando ve que árbol y nacimiento vuelven a sus silencios de armarios y alacenas, una vez que los Reyes Magos han reemprendido el camino de vuelta al lejano Oriente, y él queda, triste y solitario, en la misma caja de cartón que ya, como he dicho, comienza a estorbar en la mesa de la cocina.

Hago hoy, a riesgo de ser esclavo de mis palabras, firme propósito de enmienda y merendar mantecado de limón una vez que pasen las fechas de la Navidad. Hasta agotar las existencias que en mi casa hubiere. Y pido a todos aquellos que lean esto que sigan por una vez y sin que sirva de precedente mis pasos, así como dejen su mensaje de aliento y apoyo a este gran perdedor y olvidado de estas fechas.

Hagamos, por tanto, un homenaje tal que el polvorón, el mazapan, el mantecado de canela, el de chocolate, el de coco, los alfajores, las peladillas, los roscos de vino, los pastelitos de gloria, el mismo turrón en todas sus variedades (de jijona, de chocolate, de alicante, de yema tostada…), las tortas imperiales y las bolitas de coco, conozcan por un instante lo que es la envidia.

Que sea por él. Por el mantecado de limón.

28 Noviembre 2009

SÍ A LA VIDA

El Congreso de los Diputados ha aprobado la Ley del Aborto. Por tal motivo, hoy traigo a mi blog la editorial publicada en el último Boletín de la Antigua Hermandad de Nuestra Señora de los Reyes, Patrona de los Sastres, donde (D. m.) en la tarde de mañana sábado, juraré el cargo de Hermano Mayor para el que he sido elegido.

A esto también he de unirle que, desde hace unos días y por otros motivos más agradables, recuerdo más que nunca la educación cristiana recibida en el Colegio de los Padres Escolapios de Sevilla, de la cual no me arrepiento porque el consejo y ejemplo de muchos sacerdotes y profesores forjaron gran parte de mi futuro, que hoy es mi presente.

Esta editorial fue escrita hace aproximadamente algo más de un mes por mi buen amigo y también, a partir de mañana, mi Teniente de Hermano Mayor, José Francisco Haldón Reina. Con su permiso, la comparto con todos ustedes. A pesar de la extensión del post, más que nunca es lo que hoy se me apetece contar aquí.

 

CADA VIDA IMPORTA

“Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc. 10,14)

Las palabras del Señor de las que se hace eco el evangelista San Marcos se vieron plasmadas en ese encantador y bullicioso primer tramo de niños que seguía a la Cruz alzada en la pasada Procesión de nuestra Titular. Más de una treintena de pequeños –alumnos de un colegio cercano a nuestra sede- daban pública manifestación de su fe y amor con las estampas de la Santísima Virgen de los Reyes que a manos llenas repartían entre cuantas personas se habían acercado a contemplar el paso del cortejo.

Pasará el tiempo y la luz, de la que eran portadores en sus manos, seguirá iluminando la existencia de unos, mientras que otros irán dejando que se apague el pabilo y no tendrán la decisión de encenderlo sin saber muy bien por qué. A todos sin distinción alguna se les habrán transmitido una serie de valores por las religiosas y el profesorado del colegio donde se forman. Esas virtudes adquiridas en la infancia, acrisoladas con el paso de los años, serán el mejor bagaje para recorrer el sendero de la vida, sin dejar que la luz del mensaje evangélico se extinga, antes bien que la mantengan con una fe fortalecida y práctica, como se nos presenta en la evangélica parábola de las vírgenes prudentes.

Vivimos tiempos azarosos en los que ya no se pretende eliminar a Dios con la destrucción de su casa o la de objetos sagrados, como ocurriera en un pasado no demasiado lejano. Actualmente se utilizan medios más sutiles que trivializan los valores, vaciando de ellos a la sociedad. Eso y no otra cosa es el relativismo imperante que con tanto énfasis como valentía ha denunciado repetidamente el Santo Padre Benedicto XVI. Esa crisis de valores se localiza en el germen mismo de la sociedad, en la familia, de la que no hay que olvidar que es la primera educadora de la persona y la iglesia doméstica en la que se planta y hace crecer la semilla de la fe cristiana.

Cuando se redactan estas líneas una ingente manifestación acaba de llenar las calles del centro de Madrid en defensa de la vida y en protesta contra el proyecto de ampliar la ley de aborto en España. No es lógico difundir una concepción hedonista y reduccionista de la vida, que conduce al egoísmo y  la vacuidad del ser humano. En ese sentido, como tantas y tantas veces proclamaba Juan Pablo II, hay que luchar por devolver a nuestra vieja Europa a sus raíces cristianas, las cuales a lo largo de los siglos han conformado la esencia de su ser y su modelo de civilización.

La Iglesia -y con ella las hermandades de la que somos parte- hemos de proclamar sin desmayo la doctrina del Evangelio, que no es otra que la doctrina de la Vida, la que justifica la venida de Dios al mundo encarnado en la segunda Persona de la Santísima Trinidad: “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia” (Jn. 10, 10).

De esos niños que abrían nuestro cortejo procesional es el futuro, ellos están llamados a ser sus artífices, serán los protagonistas de la sociedad del mañana. De los valores que adquieran durante sus años de formación como niños y jóvenes va a depender el modelo social que estará vigente dentro de pocos años. De ahí nuestro compromiso, nuestra responsabilidad ineludible en la transmisión de toda una serie de virtudes cristianas y humanas que permitan hacer realidad el lema que cada Lunes Santo nos enseña la ejemplar Cofradía de Santa Genoveva: Por un mundo mejor.