Es lo que mide la felicidad. Hoy la he visto esparcida por un hospital, donde las paredes asépticas de una habitación pintaban sonrisas, chorreones de alegría, brochazos de júbilo, con los que nos encontrábamos allí para celebrarlo. Ha llamado al aldabón del mundo, a la puerta de nuestro universo para instalarse ahí, en medio de todos y de nadie a la vez.
Nos ha recordado tiempos pretéritos que en algún momento no fueron perfectos, aunque el paso de años -de años temorosos, de miedos y sinsabores- lo convirtió casi antesdeayer en alegría y sonrisa. Corazón y vida. Lo dice todo. Y le va a cuidar, que sus cinco años ya reclaman juegos con su hermano, aunque ahora diga que le parece un poco aburrido. En fin, cosas de chiquillos.
Era ayer, cuando casi el reloj se acercaba a la medianoche y en la Iglesia celebrábamos la presentación de la Virgen al Templo. Cuando, por medio de la casualidad, un sacerdote en San Ildefonso decía en su homilia, en la plomiza tarde, aquello de “dichosos los vientres que criaron y los pechos que amamantaron”. Ahí nos dimos cuenta que los días se pasaban, que las lunas se habían agotado por fin y que la cigüeña ya había sobrevolado las colinas del Aljarafe, la que será la casa de quien reposaba en un pañuelito de seda en su pico. El último tren de París ya había salido.
Tuvo que ser y fue el milagro de la vida. Cortito el momento, que tantas veces deseamos que así fuera. Alguien nos habrá oído. El o Ella, igual nos da, que con fe lo hemos pedido porque lo queríamos para su mamá. Que bromearme quería con el tamaño de su abdomen y del mío. Y yo que la dejo, porque desborda gracia e ingenio.
Y al despertar de la mañana del domingo, el teléfono arrojaba el mensaje, como buena nueva. “Tiene una zurda que puede ser de oro”, me decía el padre, el hombre más feliz de la tierra.
Nadie lo sabe, que el misterio de la vida sigue siendo grande. Poderoso. Asombroso. Lo que vendrá no podemos tan siquiera imaginarlo. Por mucho que lo intentemos. Pero echaremos el resto para que sea bueno, muy bueno, que eso nos alegra a todos.
Aunque podemos jugar a imaginar, a adivinar muchas cosas. Y a mi se me antoja que, en unos años, pocos, menos de los que pensamos, buscará setas de la mano de su padre.
Cuando las primeras lluvias del otoño mojen las fértiles tierras de Cazalla.
Bienvenido al mundo. Bienvenido a la vida.
Tendría que comenzar diciendo que el primer acierto ha sido el nombre. Efectivamente, aquello es una puratasca, con las tapas escritas con tiza en la pared, algunas de ellas servidas en papel (queso y embutidos fundamentalmente), sillas y mesas que se sabe que lo son (nada de diseño vanguardista) y alimentos a la vista de todos, cocinero incluido.
He escuchado en multitud de ocasiones decir a los gurús de la televisión que ésta es el medio de comunicación más directo, ya que se “cuela” en los hogares; y que lo que sale en la tele es siempre verdad.

Las calores, el Caso Gürtel, el virus H1N1, los incendios forestales, los accidentes de tráfico, Michael Jackson, los fichajes del Madrid, los golpes a ETA, Lopera y sus cosas, las obras en la ciudad, las 7.000 sillas que sobran, la crisis (esa vieja conocida)… en fin, que el verano ha dado para mucho. Y lo que nos queda por delante también va a dar para más.